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¿Por qué tanta duda?

¿Por qué tanta duda?
Gran parte de la culpa de este hecho se debe a la persistencia de grandes prejuicios respecto a la labor de los psicólogos o al hecho de ir a uno. Y es que tradicionalmente y aún hoy en día se ha visto el hecho de acudir al psicólogo como indicativo de un problema de salud mental serio (hasta no hace tanto se nos llamaba “loqueros”), algo que a su vez es visto como estigmatizante.

A muchas personas ello les genera vergüenza, mientras que a otras les puede dar miedo descubrir la presencia de problemas serios. Otros sienten un profundo repara de abrirse y explicar sus problemas a una persona que no conocen, por mucho que dicha persona sea un profesional cualificado. Asimismo, muchos consideran que su padecimiento no es lo suficientemente serio o profundo como para requerir de ayuda profesional aún si llevan años sufriendo.

Y ello puede ser casi dramático, puesto que en muchos casos la postergación de la búsqueda de ayuda profesional puede contribuir a alargar e incluso cronificar problemáticas que podrían solucionarse o reducir el nivel de afectación que generan de manera mucho más rápida y eficiente de haberse iniciado una intervención más temprana.

Afortunadamente con el paso del tiempo el nivel de estigmatización que tiene el hecho de acudir a un psicólogo se ha reducido en gran medida, e incluso en lo que se refiere a padecer algún tipo de problema psicológico (siendo por ejemplo los problemas de ansiedad o depresión muy frecuentes en la mayoría de la población). Cada vez se es más consciente de la necesidad de ayuda profesional por parte de alguien formado en el funcionamiento de la psique humana. De hecho, técnicamente se calcula que una de cada cuatro personas necesitaría de algún tipo de ayuda psicológica en algún momento de su vida.

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